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Cuando Alba Sabé le pide a Derek que recuerde un sitio seguro, éste se imagina tomando fotos en una Siria diferente. Sin estallidos ni hambre ni miedo. Se ve a sí mismo retratando las caras de sus familiares y los rincones favoritos de su país natal. Sueña con ser algún día cineasta. Lo hace con los ojos cerrados para escapar del olor y del sonido del campo de refugiados de Samos, una isla griega cerca de Turquía, en la que vive desde hace un año, hacinado junto a 4.500 personas, en un espacio adecuado para 650.

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