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‘Busto de mujer 43’, de Picasso, ya está colgado en el Museo del Prado. / Eduardo Parra / e. p.

El Prado exhibe junto a obras del Greco y Velázquez una tela del pintor cubista, muy influido por ambos genios

Antonio Paniagua

Picasso ha vuelto al Museo del Prado, institución de la que fue nombrado director en 1936, si bien nunca tomó posesión del cargo. Su ‘Busto de mujer 43’ luce en la sala 9B del edificio Villanueva. Pintada en un solo día, el 7 de octubre 1943, en su estudio de la rue des Grands-Augustins de París, la tela está valorada en 7,1 millones de euros. Mejor compañía no puede tener. A un lado ‘El bufón Calabacillas’ de Velázquez, y al otro un grupo de retratos del Greco, entre los que figuran ‘El caballero de la mano en el pecho’. De ambos maestros Picasso era un rendido admirador. El lienzo recién colgado muestra el horror de Picasso ante las atrocidades de la II Guerra Mundial. Transcurridos cinco años, es previsible que, como ya sucedió con el ‘Retrato de Felipe III’ de Velázquez, la pieza acabe en manos del Prado como fruto de una donación. El lienzo recién colgado es un depósito de la American Friends of the Prado Museum, a la que ha donado el cuadro la Aramont Art Collection de la familia Arango Montull.

La obra posee todos los atributos picassianos, como la deformación del rostro. En este busto femenino la distorsión es aún más drástica. En muchas de las imágenes femeninas salidas de la paleta del pintor en ese periodo, Picasso desfiguró aún más las facciones con trazos rápidos y seguros.

La elección del lugar para exhibir la pintura no es casual. ‘El bufón Calabacillas’ fue copiado por el maestro malagueño a los 15 años durante su primera visita a la pinacoteca, acaecida en 1895. Picasso tomó también como modelo otra obra extraordinaria de Velázquez, ‘El Niño de Vallecas’, ejemplo del grupo de monstruos, enanos y bufones que poblaban la corte española desde el siglo XVI. Los dibujos hechos por el artista adolescente se encuentran en el Museo Picasso de Barcelona y están ejecutados con un lápiz de plomo.

Otro grupo de telas del Greco entablan un diálogo con el busto de Picasso. Flanquean la obra de Picasso ‘Retrato de un caballero joven’, ‘Caballero anciano’ y »El caballero de la mano en el pecho’ del Greco. Cuando Picasso se fijó en Doménikos Theotokópoulos, este era un artista poco conocido y valorado, si bien la vanguardia comenzaba a reivindicarlo. Picasso siempre se sintió atraído por los grandes maestros del Prado, de los que aprendió con provecho. En una carta dirigida a su amigo Joaquín Bras decía: «El museo de pinturas es hermoso: Velázquez, de primera; de El Greco, unas cabezas magníficas; Murillo no me convence en todos sus cuadros; Tiziano tiene una Dolorosa muy buena; (…)».

Postura desacostumbrada

Los paralelismos entre el bufón de Velázquez y la mujer de Picasso son elocuentes. El bufón está sentado en el suelo, junto a un rincón, en una postura inusual que sería impropia para cualquier otro tipo de retrato. Esa pose y su rostro algo desenfocado convierten esta obra en antecedente de las distorsiones a las que el arte del siglo XX sometería el género del retrato. En su primera juventud, Picasso se embebió del magisterio de Goya, Velázquez y el Greco, principalmente, para incorporarlos a su acervo.

Javier Solana, presidente del patronato del Prado, no ocultó su satisfacción: «Es un día muy especial para mí, por muchas razones. El Prado y la cultura española son hoy mejores que hace unos meses». Para Solana, esta operación se hizo «con inteligencia y el máximo cuidado. No queríamos ofender a nadie. Hubo conversaciones con la presidenta del Patronato del Reina Sofía, Ángeles González-Sinde. Fui ministro de Cultura y conozco muy bien la normativa».

El exministro aludía sin nombrarlo a un decreto de 1995, que establece la fecha del nacimiento de Picasso (1881) como límite del reparto de las colecciones entre el Prado y el Reina Sofía. La canonización de Picasso en el Prado incumple esta norma, que por ahora no ha sido derogada. «Ni el Prado, ni el Ministerio cometen actos ilegales. La donación está absolutamente ajustada a la ley, sostuvo el director del centro, Miguel Falomir, durante la presentación de la obra.

A Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española del Prado, ver a Picasso junto al Greco y Velázquez le resulta algo «absolutamente natural. No solo sirve para entender mejor a Picasso y de dónde viene parte de su arte, sino también para entender mejor al propio Greco y al propio Velázquez».

No es la primera vez que se exponen obras de Picasso en el Prado. Ya había precedentes, pero hasta ahora solo se había hecho en muestras temporales. No en balde, en 2006 se pudo contemplar ‘Picasso. Tradición y vanguardia’, en las que más de un centenar de obras maestras se exhibieron entre el Prado y el Reina Sofía. En 2014, pinturas del genio se mostraron en la exhibición ‘El Greco y la pintura moderna’. Y un año después diez notables Picassos del Kunstmuseum de Basilea se colgaron en la pinacoteca.