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Hace decenas de miles de años, un(a) artista anónimo encontró en una remota cueva de la isla de Célebes (Indonesia) un lienzo sobre el que pintar. En sus manos, una primitiva mezcla de pigmentos rojizos empezó a teñir las paredes calizas de la gruta. Esbozó tres jabalís de grandes dimensiones y, a su vera, añadió la huella de sus manos. La creación, resguardada durante al menos 45.500 años, sale a la luz ahora como la obra de arte más antigua de la humanidad y el primer retrato de un animal del que se tiene constancia hasta la fecha. 

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